25 de abril de 2009

Cambio de mundo

Se despertó ansioso. Había sido una noche larga, pesada, oscura. El sol recién se dejaba ver por entre los huecos de la persiana rota. El aire fresco que entraba por la ventana lo terminó de despabilar.
Había tanto que pensar, que decidir, que aceptar. Juntó coraje y se levantó de la cama. Se cambió la ropa de cama, tomó café frío y se fue con el morral al hombro.
Era el momento justo, el timing esperado. Si decía que sí, dejaría toda una vida de posibilidades atrás. Si decía que no, perdería la posibilidad de vivir. Parecía que sólo había una respuesta posible. La respuesta que eligió él.
Cuando entró por la puerta del bar estaba ella sentada en la mesa de siempre, de espaldas a la ventana, porque decía que el pasar de la gente la distraía.
Él llegó por detrás, le besó la nuca y se sentó a su lado.
Creo que sí.
¿Crees?
Bueno, no, sí. Sí.
Yo también.

13 de abril de 2009



Perdón, señor que saca fotos, pero le robé a este gatito hermoso...

12 de abril de 2009

Spiderman

Tenías los ojos negros, negros oscuros, pesados. Siempre me mirabas de costado. ¿Te acordás? "Chiquilina", me decías, entre más de diez sobrenombres que me inventabas cada día. Porota, minina, piojo, señorita, y hasta me tratabas de usted. Los odié siempre, siempre odié todos esas cosas con las que tratabas de captar mi atención. ¿Sabés qué? Hubiera sido más fácil que me miraras a la cara, que me llamaras por mi nombre y me dijeras que me querías. Así de simple, así de sincero.
Nunca te entendí, siempre intenté justificarte de todos modos. Eras tanto para mi, tanto que me perdía en tu mirada mientras compartíamos un asiento de bondi a Belgrano y me pasaba de mi parada. Cuántas veces deseé que antes de bajarte me dieras un beso en la boca y te quedaras mirándome desde la vereda como me iba. Que me llamarás en ese momento para decirme que me querías y que lamentabas no haberme besado antes. Te imaginé tantas veces a mi lado, caminando por la calle, agarrados de la mano.
Hoy volví a ver una de tus fotos, una de esas que nunca tuve. Me acordé de que nunca te había escrito nada. Me acordé también de todo lo que lloré por vos, de lo mal que me hiciste sentir, de lo frágil que mostraba cerca tuyo.
Hoy vi tus ojos negros en una foto, tu pelo oscuro, tu sonrisa rebuscada. Hoy me acordé de vos.

3 de abril de 2009

I can´t imagine myself doing something else.

Tenía tanto para decir. Tanto tenía que en cuanto pude lo imprimí en ocho hojas tamaño carta y lo guardé en la carpeta de cartón que llevo a todos lados. Ahí está, callado, polvoriento y olvidado. Ahí está la historia de mi tormento.
Siempre pensé que para poder escribir hay que ser alguien un poco problemático. Con oscuridades, secretos, varias vidas y mucha miseria. Siempre lo pensé y aún lo pienso. Lo pienso y me asusto. Me asusto y me pregunto qué es lo que quiero. ¿Escribir implica acaso la infelicidad? Vivir en soledad en una ciudad gris. Dejar una parte del corazón en cada aventura amorosa. Rechazar y ser rechazado. Compartir con todos pero no tener a nadie. Vivir mirando el borde del camino, ser espectador en la propia existencia y entregarle el alma, sólo, a la escritura.