Se despertó ansioso. Había sido una noche larga, pesada, oscura. El sol recién se dejaba ver por entre los huecos de la persiana rota. El aire fresco que entraba por la ventana lo terminó de despabilar.
Había tanto que pensar, que decidir, que aceptar. Juntó coraje y se levantó de la cama. Se cambió la ropa de cama, tomó café frío y se fue con el morral al hombro.
Era el momento justo, el timing esperado. Si decía que sí, dejaría toda una vida de posibilidades atrás. Si decía que no, perdería la posibilidad de vivir. Parecía que sólo había una respuesta posible. La respuesta que eligió él.
Cuando entró por la puerta del bar estaba ella sentada en la mesa de siempre, de espaldas a la ventana, porque decía que el pasar de la gente la distraía.
Él llegó por detrás, le besó la nuca y se sentó a su lado.
Creo que sí.
¿Crees?
Bueno, no, sí. Sí.
Yo también.
Había tanto que pensar, que decidir, que aceptar. Juntó coraje y se levantó de la cama. Se cambió la ropa de cama, tomó café frío y se fue con el morral al hombro.
Era el momento justo, el timing esperado. Si decía que sí, dejaría toda una vida de posibilidades atrás. Si decía que no, perdería la posibilidad de vivir. Parecía que sólo había una respuesta posible. La respuesta que eligió él.
Cuando entró por la puerta del bar estaba ella sentada en la mesa de siempre, de espaldas a la ventana, porque decía que el pasar de la gente la distraía.
Él llegó por detrás, le besó la nuca y se sentó a su lado.
Creo que sí.
¿Crees?
Bueno, no, sí. Sí.
Yo también.


