10 de enero de 2012

Oh bella rosa bella (fecha real 7/1)

En uno de mis últimos ataques de furia inconmensurable, buscando la manera de calmarme, me acordé de una frase trillada que siempre me repetía mi papá cuando presenciaba alguno de mis episodios de locura: “Encuentra el placer en las pequeñas cosas”. Bueno, en realidad mi papá me decía que no entendía porqué yo siempre le buscaba las espinas a las rosas en vez de deslumbrarme con lo hermosas que eran. Pero el punto al que quiero llegar es el mismo…
En aquel momento de irritación, entonces, se me ocurrió escribir esa frasecita en un post-it en forma de flor rosa y pegarlo en el diccionario de inglés que tengo en la mesa/escritorio del comedor de la casa de turno de este invierno. Resulta que ayer, para marcar la mitad de un capítulo de historia inglesa, le pegué a la hoja esa flor rosa y cerré el libro.
Hoy, llegué a casa un poco molesta, totalmente capaz de iniciar un ataque violento de furor absolutamente negativo, claro, y tormentoso. Después de pelearme con el cuchillo, la cebolla y la berenjena, puse la comida al fuego e intenté encontrar la calma en el bendito capítulo de historia inglesa que me quedó ayer por la mitad. Hete aquí que cuando abrí el libro buscando la página correspondiente, di con la flor rosada y mi letra desprolija: “Encuentra el placer en las pequeñas cosas”. Respiré profundo, sonreí y empecé a escribir estas líneas.
Todo esta introducción era para contarte cual fue la “pequeña cosa” de hoy que me da el placer necesario –o al menos me distrae lo suficiente- como para no desatar una pelea personal contra mi misma y terminar arrancándome los pelos.
Te la hago corta porque esto ya se tornó aburrido… resulta que ayer el dueño de la inmobiliaria me pasó por debajo de la puerta la factura a pagar del mes y, oh sorpresa gran, el monto de la calefacción casi superaba al alquiler del piso. Habiendo descubierto que el señorcito no quería más que cagarnos unos 300 euros, nos presentamos hoy con D en su oficina para aclarar el temita. Con los colmillos afilados y mostrando las garras escuchamos de su boca que era una simple equivocación de precios y números, reduciendo entonces el monto a 1/6 de la suma anterior.
Gracias “pequeña cosa” que me ahorraste una buena cantidad de pasta y un muy mal trago y, con mucha voluntad, me ahorraste un episodio de furia depresiva. 

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