18 de enero de 2009

My first.

No me preguntes porqué, pero hoy me acordé de mi primer beso. Fue con Marcos Osorio. A los catorce años. En el baile de los viernes del colegio Niño Jesús de Praga.
Él tenía un año más que yo. Estaba en octavo y yo en séptimo grado. Era rubio y grandote. Me encantaba.
Viernes por medio íbamos con mis amigas al colegio del al lado del nuestro a bailar. Empezaba a las siete de la tarde y terminaba a las doce de la noche. Nosotras nunca nos quedábamos hasta tan tarde, papá nos iba a buscar antes de las once. Me acuerdo que si no bajabas a horario, cortaban la música y escuchabas por el parlante "Periquita Sanchez, tu papá está en la puerta". Que horror.
En fin, que aquel viernes por la tarde, Marcos le había dicho a Sapo que le dijera a Xime que yo le gustaba. Listo. En la hora de los lentos me sacaría a bailar.
Con una amiga rubia que tenía -prefiero no decir su nombre porque no somos más amigas- fuimos de compras. Una remera gris de Hering talle chico para que me quedara apretada, un jean oscuro Gloria Vanderbilt y un saquito de hilo largo hasta las rodillas, color violeta eléctrico. Las zapatillas no me las acuerdo. Pelo suelto y sin maquillaje.
Toda la noche bailando con mis amigas, mirando de reojo si Marcos y los suyos miraban o no. Lentos time! Canción de Verano del 98, la que cantaba asquerosamente la idiota de Marcela Klosterblablablabla, que decía algo así como "el cristal se quebró... y estarás y sabrás que estoy aquí con vos". Bueno, que Marcos me sacó a bailar. Manitos en mi cintura, yo en sus hombros. Miramos para un lado, miramos para el otro y me dio un besito. Cuando vio que no le corrí la cara, me dio otro más grande y más baboso. Juro que me acuerdo lo desagradable que me pareció en ese momento que ese chico que me ponía tan nerviosa me estuviera metiendo la lengua por la boca. Obvio que le seguí la corriente y bailamos y nos besamos durante dos canciones más.
Al otro día jugaba en la séptima del equipo de hockey sobre césped de River Plate. Ibamos de visitantes a no me acuerdo donde. Lo que nunca voy a olvidar era la nube de pedos en la que estuve durante todo el partido. Jugando de dos, al fondo, con el palo en la cintura -porque las chicas de adelante la movian bastante y el otro equipo daba asco- y con la cabeza apoyada en el hombro de Marcos, bailando en la cancha, embobada como nunca antes. Increíble sensación. Lástima que no puede volver a sentirse el primer beso y sus consecuencias, ¿no?
Ah. Que al final Marcos fue mi novio... por dos semanas. Nos besamos en otro baile y después me dejó porque decía que era chiquita y no le gustaba más.

6 de enero de 2009

¿Uve o ve corta?

No sé, que me digan a mi que la cosa acá está “chunga”, no me cierra. A ver. La crisis, LA CRISIS. Está bien, la crisis se ve a la distancia en España –ojo, que ahora estoy en Andorra, pero que se ve y se escucha igual-, es verdad, sobre todo en la construcción. Obras paradas que traen aparejada la posterior baja de las distintas áreas que también dependen de una edificación.
Ahora bien, cri-sis. ¿Qué significa económicamente una crisis en un país? Yo sé que es un tanto descabellado comparar un país latinoamericano como Argentina con uno europeo como España, pero… vamos… vamos, vamos a ser sinceros y a aceptar que no tienen ni idea de lo que es estar en crisis, ZeñoreZ.
Comencemos con la idea del famoso PARO. Resulta que los españoles –y todos aquellos con los papeles legales que trabajen en el país- aportan al estado un porcentaje de su sueldo a la Seguridad Social y otro a Hacienda. Con una suma mayor a seis meses trabajados, el español que se encuentre sin trabajo, recibirá casi un ochenta por ciento de su último sueldo durante el tiempo que esté desocupado –siempre que no exceda los cuatro o cinco meses-. Ahora bien, se concuerda con que es una excelente ayuda a los ciudadanos que por desgraciadas razones están algún tiempo sin una entrada mensual laboral. Pero el dilema aparece cuando la vagancia se hace presente y miles de personas que habitan el suelito español se dedican a trabajar durante los seis meses de verano y luego se rascan los otros seis, recibiendo el “paro” o regalo del Estado cada mes en el banco. A ver, no me malinterpreten, pero ¿cómo no quieren estar en crisis si no les gusta trabajar? Bueno, fui un poco exagerada, ya lo sé. Perdón.
Lo voy a hacer fácil, porque sé que en realidad la cosa es más complicada, pero basémonos en una lógica simple a ver si nos entendemos entre los que no entendemos de economía.
La media general del español joven aspira a empezar a trabajar lo antes posible – a la mierda el estudio- para poder comprarse el coche –en miles de cuotas, obvio- y luego, a los veinte laaaaaaarrrrgos, meterse en la bendita hipoteca del piso. Hipoteca hipoteca hipoteca eh… estamos hablando de cuotas de mil euros por mes a pagar durante más de treinta años. Hipotecas que, la mayoría, sabe que no podrá pagar dado que se permiten un piso que luego, con la suba de los intereses, les termina saliendo el triple de lo que lo tendrían que pagar. Pero, el grupo de estos endeudados se comenzó a reducir gracias al bendito paro. A ver, el que trabaja seis meses y se arregla el pelo durante los otros seis, no se puede meter en una hipoteca. No puede, punto. Aspecto que los constructores no tuvieron en cuenta y se engolosinaron edificando porquerías de cartón que ahora nadie les puede comprar. Crisis.
Crisis. Crisis es que la leche te cueste el triple que hace dos días atrás. Crisis es que pagues un café lo mismo o más que cuatro kilos de pan. Crisis es que la cuota de la escuela aumente cada dos meses en el mismo año. Crisis es que EL ESTADO te robe DEL BANCO los pocos ahorros que te costaron media vida conseguir. Eso es crisis.
Igualmente, lo que quiero decir con esto es que está re bueno lo que hacen los españoles. En serio. Esta gente se preocupa de verdad por la pequeña gotita de agua que les está cayendo encima. Les importa que su país esté en crisis y, velando por el bienestar popular, el señor del supermercado, no sube los precios del tomate que cosechó en su huertito un setenta por ciento de una semana para la otra. Los alquileres bajan y no aumentan el doble, porque los propietarios se dan cuenta de que a sus inquilinos les cuesta un poco llegar a fin de mes. ¿Me explico? Otro ejemplo que vi el otro día por la tele. Peugeot llamaba a la semana de la oferta. Todos los coches con un cuarenta por ciento de descuento. Sí, el coche casi a la mitad de precio porque la “crisis” produjo un descenso en las ventas. Sin palabras.
El otro día mamá me decía por teléfono que estaba preocupada porque tenía miedo de que la cosa nos fuera mal por acá. Mamá se preocupa porque escucha la palabra “crisis” y se acuerda del cacerolazo en el Obelisco. Mamá se preocupa al igual que los españoles que pronostican una recuperación de la economía interna del país recién para el 2010. ¿Un año sólo de crisis? Pasenle la receta por mail a la hdp que tenemos a cargo en Argentina, por favor.