No me preguntes porqué, pero hoy me acordé de mi primer beso. Fue con Marcos Osorio. A los catorce años. En el baile de los viernes del colegio Niño Jesús de Praga.
Él tenía un año más que yo. Estaba en octavo y yo en séptimo grado. Era rubio y grandote. Me encantaba.
Viernes por medio íbamos con mis amigas al colegio del al lado del nuestro a bailar. Empezaba a las siete de la tarde y terminaba a las doce de la noche. Nosotras nunca nos quedábamos hasta tan tarde, papá nos iba a buscar antes de las once. Me acuerdo que si no bajabas a horario, cortaban la música y escuchabas por el parlante "Periquita Sanchez, tu papá está en la puerta". Que horror.
En fin, que aquel viernes por la tarde, Marcos le había dicho a Sapo que le dijera a Xime que yo le gustaba. Listo. En la hora de los lentos me sacaría a bailar.
Con una amiga rubia que tenía -prefiero no decir su nombre porque no somos más amigas- fuimos de compras. Una remera gris de Hering talle chico para que me quedara apretada, un jean oscuro Gloria Vanderbilt y un saquito de hilo largo hasta las rodillas, color violeta eléctrico. Las zapatillas no me las acuerdo. Pelo suelto y sin maquillaje.
Toda la noche bailando con mis amigas, mirando de reojo si Marcos y los suyos miraban o no. Lentos time! Canción de Verano del 98, la que cantaba asquerosamente la idiota de Marcela Klosterblablablabla, que decía algo así como "el cristal se quebró... y estarás y sabrás que estoy aquí con vos". Bueno, que Marcos me sacó a bailar. Manitos en mi cintura, yo en sus hombros. Miramos para un lado, miramos para el otro y me dio un besito. Cuando vio que no le corrí la cara, me dio otro más grande y más baboso. Juro que me acuerdo lo desagradable que me pareció en ese momento que ese chico que me ponía tan nerviosa me estuviera metiendo la lengua por la boca. Obvio que le seguí la corriente y bailamos y nos besamos durante dos canciones más.
Al otro día jugaba en la séptima del equipo de hockey sobre césped de River Plate. Ibamos de visitantes a no me acuerdo donde. Lo que nunca voy a olvidar era la nube de pedos en la que estuve durante todo el partido. Jugando de dos, al fondo, con el palo en la cintura -porque las chicas de adelante la movian bastante y el otro equipo daba asco- y con la cabeza apoyada en el hombro de Marcos, bailando en la cancha, embobada como nunca antes. Increíble sensación. Lástima que no puede volver a sentirse el primer beso y sus consecuencias, ¿no?
Ah. Que al final Marcos fue mi novio... por dos semanas. Nos besamos en otro baile y después me dejó porque decía que era chiquita y no le gustaba más.

