Iba caminando por la vereda helada. La nieve caía suave y el cielo se confundía con el blanco de la montaña.
Mirar para atrás le resultaba un gran esfuerzo. Si perdía el equilibrio, caería. El suelo resbalaba, sus piernas temblaban y el aliento se perdía como humo en el aire frío, nublándole la vista.
Intentó caminar más rápido pero la pendiente se lo impedía. Sintió unos pasos cerca suyo y escucho una voz gritar su nombre. No podía girarse, no podía ni quería mirar atrás. Duele caerse en el hielo. Quedan marcas, esos moretones oscuros, el recuerdo de las lágrimas deslizándose por la cara y perderse en la comisura de los labios.
Duele acordarse de vos.
Mirar para atrás le resultaba un gran esfuerzo. Si perdía el equilibrio, caería. El suelo resbalaba, sus piernas temblaban y el aliento se perdía como humo en el aire frío, nublándole la vista.
Intentó caminar más rápido pero la pendiente se lo impedía. Sintió unos pasos cerca suyo y escucho una voz gritar su nombre. No podía girarse, no podía ni quería mirar atrás. Duele caerse en el hielo. Quedan marcas, esos moretones oscuros, el recuerdo de las lágrimas deslizándose por la cara y perderse en la comisura de los labios.
Duele acordarse de vos.


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