22 de octubre de 2008

Despedida

Está como en su casa. Está en su casa y se siente dueña del mundo. Se siente dueña de mi, dueña de mi otra vez. No. Que sepas, querida, que otra vez no.
Se vio en su espejo amigo. Colgado en mi cuarto, en mi pared, arriba de mi mesa de luz. Se vio en su espejo amigo y se reconoció.
Con su sonrisita maligna me miró con ganas. Con ganas de volver a arrastrarme de los pelos por toda la habitación. De empujarme contra el placard, de pegarme patadas y reirse hasta cansarse.
Amagó, que lo sepás que amagó. Se apareció atrás mío. Vino caminando despacio, tratando de que no la escuchara, de que no pudiera verla hasta tenerme tan cerca como para poder tirarme al piso empezar la guerra.
Ahora estoy más atenta, querida. Ahora tengo más fuerza y esta vez no vas a poder.
De un piedrazo, con tantas ganas y con tanto placer. Con una piedra le rompí el espejo en la cara, le rompí a su espejo amigo y la esuché gritar. La escuché gritar como grité yo tantas veces mientras ella me reventaba las costillas a patadas. Vi el reflejo de su mirada en un pedazo de espejo roto. Lo pateé y se estalló contra la pared.

12 de octubre de 2008

Es un decir

Esto de tomar decisiones importantes está bueno. Está bueno cuando son decisiones que valen la pena, decisiones que marcan un punto y aparte. Da un poco de miedo, ¿no? Da cosita, cosquillas, tembleques, risitas nerviosas. Supongo que depende de la decisión también. Algunas están buenas, ¿no? Esas que dan esperanza, aire nuevo, fresco. Estas decisiones me gustan. Son esas decisiones que ponen a todos contentos, que te abrazan y lloran, que se emocionan, que les agarra melancolía. Uno se queda mirando siempre, con esa sonrisa inamovible de "sí, está buena mi decisión, ya lo sé".
En fin, que tenía ganas de decir que hay decisiones que son fuertes pero que están buenas, ¿no?

7 de octubre de 2008

Home sweet home