27 de junio de 2008

Personaje X2

Se puso los lentes y se sentó en el balcón en esa silla azul incómoda que se repetía en cada lugar de la casa. Los cigarrillos en mano y ningún encendedor cerca. Odiaba perder los encendedores. Tenía un montón, pero en el momento que los buscaba, nunca aparecían.
La cocina era eléctrica. No había entonces cerillas. Mierda. En los cajones de la sala, nada. En la mesa de luz, nada. En la canasta debajo de la mesa ratona, nada. A ver, ¿dónde pusieron el encendedor, señores, dónde? Le tocó bajar a comprar, a encontrar algo abierto, a pedir fuego, a generarlo.
En el bar de la esquina encontró algunos borrachos que lo ayudaron. Le salvaron la vida, le salvaron los nervios.
Volvió a su casa y cambió el aire del balcón y la silla dura azul por el sillón cuadriculado, más cómodo, más acolchonado.
El mantelito de la mesa ratona combinaba con el tapizado de la sala. Coincidencia, porque él no lo había comprado con esa intención. Pura casualidad.
El cigarrillo se le había consumido y sólo había disfrutado dos pitadas. Tocaba encender otro, tocaba usar otro de los tres fósforos que le habían salvado la vida, que le habían salvado los nervios.

22 de junio de 2008

Personaje X1

Por momentos le resultaba imposible concentrarse. El pobre flaco, sentado en su escritorio, sosteniéndose la cabeza con las manos y apoyando los codos en la madera, con cara de perdido y con un gran sentimiento de lástima interna.
Sentirse ausente en un mundo propio. Así definía su situación. Era un fantasma en su vida común. Era un sin nombre en su familia de gran apellido.
Un número en el trabajo, un conocido de un conocido, un transeúnte de transporte público. Un miserable.
Aquella mañana había transcurrido igual que todas las demás. Sonaba el despertador, se levantaba con una buena ducha de agua fría, tomaba un café de filtro con azúcar y, trajeado baratamente, caminaba hasta el subte para encontrarse con el tumulto de gente en la hora pico mañanera.
Había llegado al trabajo sin retraso. Era un miserable, pero jamás impuntual. Su cubículo estaba en el rincón derecho, al fondo del tercer pasillo general. Era poco lo propio que conservaba en aquel espacio. Su taza de Los Simpson, un pendrive y la foto del perro de la infancia.

18 de junio de 2008

"Estupidiando"

Después de una recopilación de pensamientos pasados di con una teoría estúpida acerca del vacío interno.
El estómago se llena y vacía con tanta rapidez que necesitamos comer varias veces al día. Creo que con el alma pasa lo mismo. El día es la vida y la comida lo es todo.
Mi vacío de hoy es la lejanía con mi familia, esa necesidad de encontrarme a mamá a la mañana en la cocina o de oler el perfume de papá en la escalera de casa. De ver pelis con mi hermano y darle de comer a sobrino. De tomar mate con A. y quedarme dormida escuchando hablar a V.
Mi vacío de hoy está claro. Hoy, está claro, pero no siempre lo estuvo.
Las necesidades de llenar agujeros creo que son también costumbres. Las dietas mismas lo demuestran. Con el estómago grande, tres platos de fideos; lo achicamos con verdura y con un plato nos sobra. ¿Me explico bien acaso?
Imposible será estar siempre colmado. Algunas veces más que otras. Cuando el estómago cruje, duele más que cuando rebalsa.
El vacío enseña. Con un plato alcanza, con tres sobra; conclusión a la que llegué después de morirme de hambre durante meses y de retorcerme en la cama descompuesta.

12 de junio de 2008

Un día difícil

Con los ojos ardidos sigo mirando por la ventana que da a la calle.
Había olvidado esa sensación ácida que deja el llanto, había enterrado las manos en la tierra mojada y me había tirado a descansar en el jardín de la realidad.
Las verdades están siempre ocultas, las molestias se esconden entre los huesos. Vuelven siempre a aparecer con el tiempo, con la lluvia veraniega y el aire cargado de humedad.