Entre tanta preocupación histérica perfeccionista y ansiedad nerviosa, me puse a jugar al tetris buscando que el sueño se apiade de mi. Intentaba concentrarme en la pantalla y zambullirme en el juego pero los pensamientos no deban de aparecerse en mi cabeza. En un momento pude desviarlos –aunque no detenerlos- y me pregunté cuál es la manera que más utilizo para posicionar los bloques. Es decir que, en cada figura, cuál es el mayor porcentaje de qué posición que utilizo a lo largo del juego. Yo podía entenderme, pero trasmitirla me fue bastante difícil. Me decidí a escribir para encontrar una solución, pero ésto fue lo que me salió. ¿Se entiende o no?
27 de marzo de 2008
15 de marzo de 2008
I love you anyway
Se me cierran los ojos y lo veo mirarme intranquilo mientras caigo en profundo sueño. Yo no sé cómo aguanta. Yo no entiendo cómo el chico no me tapa la cabeza con la almohada y apreta fuerte hasta robarme la última gota de aire. Es un caso aparte.
Tiene tanta paciencia que las pocas veces que explota me dice que estoy loca pero que me va a amar hasta el cansancio. Ojo, que la cosa es recíproca eh. Que no se mal entienda, que no se piense que ando por la vida rompiendo las pelotas de la gente sin razón alguna. Yo lo adoro, yo lo amo y me encanta estar con él.
¿Que porqué lo vuelvo loco? Porque tengo unos cuantos problemas y me encanta llorar y que me abracen y que, con un chocolate de por medio, me digan que todo va a salir bien.
Tiene tanta paciencia que las pocas veces que explota me dice que estoy loca pero que me va a amar hasta el cansancio. Ojo, que la cosa es recíproca eh. Que no se mal entienda, que no se piense que ando por la vida rompiendo las pelotas de la gente sin razón alguna. Yo lo adoro, yo lo amo y me encanta estar con él.
¿Que porqué lo vuelvo loco? Porque tengo unos cuantos problemas y me encanta llorar y que me abracen y que, con un chocolate de por medio, me digan que todo va a salir bien.
El disfraz
Cae como una bolsa de papas. Cae de golpe y con fuerza. Cae sin clemencia alguna, sin dignidad, sin ser llamada.
Llega de sorpresa, entra por la puerta principal como si fuera la dueña de casa. Se instala en el sillón, en mi sillón. Ahí se queda mirándome fijo, con esa sonrisa soberbia, con las cejas levantadas y la nariz fruncida. Los brazos cruzados y las piernas estiradas, desafiante, aguerrida, endemoniada.
Pasa las horas en la misma posición. No descansa para tomar agua, tampoco para ir al baño. Comienzo a pensar que es un ser sobrenatural, que su inconmensurable fuerza tiene poco de humano, que su penetrante y horrenda mirada no puede ser de este planeta.
Entonces, ¿cómo la mato?
Llega de sorpresa, entra por la puerta principal como si fuera la dueña de casa. Se instala en el sillón, en mi sillón. Ahí se queda mirándome fijo, con esa sonrisa soberbia, con las cejas levantadas y la nariz fruncida. Los brazos cruzados y las piernas estiradas, desafiante, aguerrida, endemoniada.
Pasa las horas en la misma posición. No descansa para tomar agua, tampoco para ir al baño. Comienzo a pensar que es un ser sobrenatural, que su inconmensurable fuerza tiene poco de humano, que su penetrante y horrenda mirada no puede ser de este planeta.
Entonces, ¿cómo la mato?
Cada uno con lo suyo
Una vez iba caminando por un bosque y vi un castillo del medioevo. Embelezada me quedé mirándolo un largo rato. ¿Qué hacía un castillo en un valle? ¿Acaso no siempre se construían a lo alto de algún cerro o montaña? ¿Estaría habitado? ¿Y si su dueño me estaba mirando por la ventana?
Tenía tantas ganas de entrar. Tenía tantas ganas de ver qué había adentro. De qué color eran sus paredes, si las escaleras eran de madera o de piedra. ¿Habría acaso retratos enormes de la familia? Me preguntaba si sus muebles tendrían exuberantes decoraciones en oro, si la vajilla sería de plata, si las camas eran grandes y cubiertas con costosas telas aterciopeladas.
Una especie de foso rodeaba al castillo. Me subí a la cornisa de la alta pared y vi que del otro lado era todavía más la altura que me separaba del piso. Digo que el foso era raro porque no había agua en él. El fondo era un parque de más de cien metros de largo que terminaba en la entrada al castillo.
Pensé en lo imposible que sería entrar. Pensé que el dueño se había muerto y que su fantasma habitaba en aquel lugar. Pensé que alguien me miraba desde la ventana principal. Pensé que era mejor seguir caminando por el bosque.
Tenía tantas ganas de entrar. Tenía tantas ganas de ver qué había adentro. De qué color eran sus paredes, si las escaleras eran de madera o de piedra. ¿Habría acaso retratos enormes de la familia? Me preguntaba si sus muebles tendrían exuberantes decoraciones en oro, si la vajilla sería de plata, si las camas eran grandes y cubiertas con costosas telas aterciopeladas.
Una especie de foso rodeaba al castillo. Me subí a la cornisa de la alta pared y vi que del otro lado era todavía más la altura que me separaba del piso. Digo que el foso era raro porque no había agua en él. El fondo era un parque de más de cien metros de largo que terminaba en la entrada al castillo.
Pensé en lo imposible que sería entrar. Pensé que el dueño se había muerto y que su fantasma habitaba en aquel lugar. Pensé que alguien me miraba desde la ventana principal. Pensé que era mejor seguir caminando por el bosque.
En otra vida, cuando seamos gatos
En un mundo de ensueño, vos y yo paseamos por Paris agarrados de la mano. En francés me regalás un te amo mientras caminamos a orillas del Sena con el sol de frente.
En un mundo de ensueño, vos y yo vamos al cine a ver una de esas películas raras que tanto te gustan. Yo llevo la bolsa de golosinas con muchos chupetines y sugus confitados.
En un mundo de ensueño, vos y yo tomamos helado acostados en la cama mientras miramos alguna serie de Sony en la tele. Yo me quedo dormida en tu pecho mientras me acaricias la frente y jugás con mi pelo.
En un mundo de ensueño, vos y yo compartimos una tarde en un bar de Belgrano. Yo con mi té con leche, vos con tu café de siempre. Una mirada intensa, una risa nerviosa, un roce intencionado y el beso que nos despierta de golpe. Vos en un lado, yo en el otro. En otra vida quizá, cuando seamos gatos.
En un mundo de ensueño, vos y yo vamos al cine a ver una de esas películas raras que tanto te gustan. Yo llevo la bolsa de golosinas con muchos chupetines y sugus confitados.
En un mundo de ensueño, vos y yo tomamos helado acostados en la cama mientras miramos alguna serie de Sony en la tele. Yo me quedo dormida en tu pecho mientras me acaricias la frente y jugás con mi pelo.
En un mundo de ensueño, vos y yo compartimos una tarde en un bar de Belgrano. Yo con mi té con leche, vos con tu café de siempre. Una mirada intensa, una risa nerviosa, un roce intencionado y el beso que nos despierta de golpe. Vos en un lado, yo en el otro. En otra vida quizá, cuando seamos gatos.
2 de marzo de 2008
Stop
Atrapada en un mundo propio pero desconocido. Pasa los días enajenada en un sinfín de preguntas. Los minutos son siempre los mismos y las horas cambian según el clima del día. No se toma un segundo para pensar, nadie le regala ese tiempo deseado de meditación, esa media hora para volver a ser ella y poder mirarse desde afuera.
Alguna que otra noche logra robarse un momento de silencio y soledad. Las paredes blancas, la música suave y un sahumerio de vainilla o coco colorea el aire.
Nadie habla. Mente en blanco, imposible. Una máquina constante que no para ni para dormir. Piensa, entonces, en esos minutos de descanso extremo del mundo ajeno, del mundo propio y desconocido. Llora descargando la tensión, esa presión auto-impuesta, ese deseo inconmensurable de éxito completo.
Las cenizas del sahumerio ensucian el piso. No le queda más remedio que levantarse a limpiarlas y volver a empezar.
Alguna que otra noche logra robarse un momento de silencio y soledad. Las paredes blancas, la música suave y un sahumerio de vainilla o coco colorea el aire.
Nadie habla. Mente en blanco, imposible. Una máquina constante que no para ni para dormir. Piensa, entonces, en esos minutos de descanso extremo del mundo ajeno, del mundo propio y desconocido. Llora descargando la tensión, esa presión auto-impuesta, ese deseo inconmensurable de éxito completo.
Las cenizas del sahumerio ensucian el piso. No le queda más remedio que levantarse a limpiarlas y volver a empezar.
Encrucijada
Toda la discografía que me gusta me trae recuerdos diferentes cuando la escucho. Decidí, entonces, que necesito música nueva, necesito nuevos recuerdos.
No se trata de buenos ni malos. Es, simplemente, un sentimiento de nostalgia que se repite cada vez suena un tema en especial. Es una sensación de retroceso, de volver a aquel escenario exacto en el que con tal o cual compañía miraba el mar, la montaña, el techo de la habitación o el camino asfaltado. Siempre hay un algo, un alguien. Un anhelo de que vuelva a suceder, un deseo de que nunca hubiese pasado.
En raro. Cada melodía con su letra tiene un efecto diferente en mi. Pero, cada efecto, genera su contrario a la misma vez. Podría decirse entonces que un mismo tema despierta dos sentimientos contrapuestos, por ende, nunca puedo decidir con exactitud si poner stop o seguir escuchando el disco. Es por eso que digo que quiero recuerdos nuevos. Quiero experimentar nuevas bandas, diferentes estilos y voces. Quiero escuchar algo que nunca oí.
No se trata de buenos ni malos. Es, simplemente, un sentimiento de nostalgia que se repite cada vez suena un tema en especial. Es una sensación de retroceso, de volver a aquel escenario exacto en el que con tal o cual compañía miraba el mar, la montaña, el techo de la habitación o el camino asfaltado. Siempre hay un algo, un alguien. Un anhelo de que vuelva a suceder, un deseo de que nunca hubiese pasado.
En raro. Cada melodía con su letra tiene un efecto diferente en mi. Pero, cada efecto, genera su contrario a la misma vez. Podría decirse entonces que un mismo tema despierta dos sentimientos contrapuestos, por ende, nunca puedo decidir con exactitud si poner stop o seguir escuchando el disco. Es por eso que digo que quiero recuerdos nuevos. Quiero experimentar nuevas bandas, diferentes estilos y voces. Quiero escuchar algo que nunca oí.
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