30 de enero de 2008

Introspección 28

A ver. Yo te digo que no es adrede. Yo te digo que no tengo tiempo para escribir porque ahora empecé a estudiar y el tema se complica un poco. Trabajo, trabajo, estudio, trabajo y duermo. Punto final.
No me quejo eh, sólo me disculpo por la ausencia y la falta de asiduidad en el posteo.

21 de enero de 2008

Introspección 27

Yo trabajando en el comedor del hotel. No tengo clientes. Monto mesas para el desayuno. Mis jefes comen en la mesa de siempre. Suena un celular. Suena mi celular. Te suena el móvil. ¿Puedo atender? Claro. ¿Hola? La llaman desde Buenos Aires, ¿quiere atender? Obvio. ¿Hola? ¡Hola mamá! Hola mi chiquita hermosa...
Lero lero, lero lero, a mi me llamó mi mamá linda y mi papá dioso y a vos no... jajajaja, lero lero.
Estoy contenta porque me llamaron mis papás lindos después de un mes sin poder comunicarnos.

TC

Es difícil es este momento.
¿Por qué?
Porque sí, porque estoy ocupado, porque no tengo tiempo, porque no te quiero.


Es increíble la manera en que te recuerdo. Creo que te me aparecés cada día, o día por medio. Trató de no hacerlo con cariño, trato de que tu imagen no dibuje una sonrisa en mi cara. Intento que tus ojos no se reflejen en el espejo, intento que tus palabras no resuenen en mis oídos.
Te imagino caminando por la calle, un tanto encorvado como siempre, arrastrando los pies y pateando una piedrita en alguna esquina de Belgrano. Te imagino con una rubia de anteojos a tu lado. Los veo fumando, los veo besarse abrazados.
Cierro los ojos.

Introspección 26

Tenía muchas ganas de cambiar las sábanas y sentir la suavidad al acostarme. Me encanta la sensación que se genera en mi cuerpo limpio recién bañado al rozar la textura de las sábanas. Esta vez sí me traje unas de casa. Esta vez es diferente. Esta vez sí necesito recordar esos detalles hogareños que me acercan un poquito más a mi lugar.
Mamá me compró unas nuevas antes de irme. Son rosas, de las princesas de los cuentos de Disney. Blanca nieves, la Bella Durmiente, Cenicienta, Bella y Jazmín duermen conmigo esta noche. Son mi conexión a mi casa, a los besos de mi mamá antes de acostarme y a sus abrazos al levantarme. Al igual que yo, extrañan sentir a mi gato acomodarse entre nostras y dormir la siesta mientras el sol entra por la ventana y entibia el ambiente.
Esta noche cambié las sábanas porque las otras estaban sucias.

14 de enero de 2008

El golpe

Era imposible desarmar aquel muñeco. Me empeñé en hacerlo de todos modos. Primero utilicé la inteligencia. Busqué algún botón pequeño que me permitiera separar las piezas. No encontré nada. Di con que el material que malformaba aquella pequeña bestia no tenía ningún tipo de abertura. Las conocidas articulaciones eran brutos dobleces de un plástico tosco y grueso. El muñeco era una sola –y horrenda- pieza.
Tuve entonces que optar por la fuerza. El primer intento fue un revoleó contra el piso. Un golpe seco que ni siquiera le hico una abolladura. El hombrecito rebotó contra la loza y calló sentado en una silla. Incalculable coincidencia.
Lo tomé de los brazos y tiré de manera caprichosa. Uno para un lado, otro para el otro. Reconozco que fue una estúpida reacción aniñada, un intento con nombre de fracaso en la frente, pero no pude contenerme ante la imposibilidad de desarme. Un asqueroso muñeco de mirada diabólica no podía ganarme.
Miré a mi alrededor buscando algo que pudiera ayudarme. La escoba no sería suficiente, el recogedor mucho menos. A lo lejos vi brillar una mesa de vidrio cuya existencia en la habitación desconocía. Sin preguntarme realmente su origen, me acerqué a ella y encontré un martillo grande y pesado. Encontré el arma del crimen. Encontré el sendero al centro del muñeco.
Mi sonrisa era macabra; mi actitud, guerrera; mi mirada, odiosa. A la porquería de plástico la hice volar al piso. Con el pie la mantuve quieta. Una rodilla en el piso, el martillo en la mano y un golpe fuerte al estómago.
El cuerpecito estalló en cientos de pedazos.
Recuperé mis caramelos de dulce de leche y, sin limpiar el desastre, salí sonriendo de la habitación.

8 de enero de 2008

Home sweet home

Incesante. Un ruido continuo durante una noche fría y húmeda. Un silencio inexistente en una habitación a oscuras. El pitido agudo que resuena en su oído. El viento que golpea la puerta mal cerrada y el aire denso que se pegotea en el ventanal.
Otra madrugada de picazones entre las piernas. Otro par de horas sin poder dormir. Las sombras nocturnas se disfrazan de monstruos inexistentes. Ella, con su imaginación incontrolable, se desvela entre las figuras horrendas y transpira sudor asustado.
Los minutos pasan y su cuerpo se deshidrata sin razón. Los minutos vuelan y su mente la perturba con crueldad. El tiempo se congela y el despertador suena para volver a empezar.

Introspección 25

Extraño a mi mamá y extraño a mi papá. Hablé para Navidad y nunca más. El 31 los llamé pero no me atendieron. El viernes pasado los llamé pero ya se habían ido de vacaciones a un pueblito lejos y sin teléfono. Extraño a mi mamá, mucho, mucho, mucho. Quiero su abracito mañanero. Extraño a mi papá. Quiero su beso de las buenas noches.
Esta semana sigue siendo de extrañamiento. Tengo ganas de ir a visitar a mi hermano más grande y pedirle que me haga un té con leche. Quiero que mi cuñada me haga una ensalada rica y que charlemos toda la tarde. Quiero ver a mi sobrino como revolea las cosas por toda la casa. Quiero que mi hermano del medio me haga masajes. Tengo ganas de una de esas conversaciones personales por chat que siempre tengo con él.
Las semanas de las fiestas son horribles. Las odio, las odié siempre. Malos recuerdos, mucha gente junta, todos locos y emocionados. Puaj, un asco.
Y las semanas de las fiestas lejos son más feas todavía. ¿Por qué? Porque extraño. EX–TRA-ÑO. ¿Qué parte no se entiende?

She.

La maldita ha vuelto a visitarme. Una vez más se apoderó de mi cama, de mi placard, de toda mi habitación.
Llegó una de las primeras noches en que empecé a trabajar en el hotel. Ella traía un plato repleto de mousse de avellanas en la mano. Me sorprendí al verla, pensé que la había perdido, pensé que me había escondido bien. Enseguida me revoleó aquello por la cabeza y me cortó la ceja. Mi sangre brotó por todo el salón. Ella reía a carcajadas. Ella reía como siempre lo hace, con esa cara de venganza, con esa mirada controladora, con esa sonrisa macabra.
¿Qué si la odio? Claro que la odio. La detesto, la aborrezco y hasta le deseo la muerte. Pero tiene un extraño poder sobre mi. Ella puede lastimarme con una sola mirada, una sola palabra. Aparece y en segundos rompo en llanto. Me quedo sin aire, mi aliento se enfría, mi mente se bloquea y quedo expuesta a su voluntad. Quedo en sus manos cual bebé de pecho. Quedo bajo su mandato, cumplo sus reglas y me entrego sin siquiera detenerme a pensarlo.