28 de noviembre de 2007

Introspección 22

Ok, ya está. La valija está cerrada. Armada y desarmada cuatro veces en un día, quedó impecable. En cuanto al equipaje, sólo queda pasar tres barreras.
1era: Si el/la divino/a que me atienda en Lufthanza me dice algo de los kilos, lo acogoto. Armo un escándalo y le digo ¿flaco/a qué querés que haga si voy para el invierno y el verano? ¿Qué parte de no-pue-do-ni-quie-ro-sa-car-na-da-más no entendés?
2da: No me importa que tengan un tamaño específico para el equipaje de mano. Mi equipaje de mano va conmigo, mi valijita linda va conmigo, ¿ok? A mi me la vendieron como valija que puedo llevar arriba del avión así que si vos, querida persona de la aerolínea, te ponés molesta con mi equipaje de mano, no me importa, ¿ok? Yo viajo con mi valija de lunares arriba del avión. Punto.
3era: Aduana, aduana de mi vida. Parame por la compu y te pego. Parame por mis remedios y te quemo el rancho. Parame por los alfajores y te acogoto. Sabelo.
Ya está.

27 de noviembre de 2007

Introspección 21

Esta vez me gustó hacer la valija. No la terminé, pero me gustó empezarla y más me va a gustar terminarla. Descubrí que no tengo tanta ropa como pensaba, que lo de invierno no es mucho y lo de verano tampoco. Igual, llevar para las dos estaciones, me molesta -obvio que algo me tenía que molestar, soy molesta, sino no sería yo, ¿no?-.
Hace dos semanas que me viene despidiendo la misma gente. Yo todavía no lloré. Mamá llora cada mañana un poquito cuando me abraza y me dice que le encantaría que me quede con ella y después me pide perdón por decirme eso, que haga lo que quiera, que es mi vida y ella quiere lo mejor para mi. Yo cierro los ojos y aprieto fuerte porque mamá me puede, mamá es la única persona que me puede.
¿Querés saber de papá? Papá anda siempre cerca pero nunca dice nada. Cuando comemos me mira de reojo, se sonrie y sigue masticando. De vez en cuando me manda mails raros, mails sentimentales, bien escritos, esos mails que dicen lo que no se anima a decirme en la cara. Yo no se los respondo. Estoy acá todavía. Yo quiero que me diga las cosas en la cara ahora que puede, yo quiero que se anime. Yo me animo, ahora más que nunca, me animo desde la vez que cortamos frutillas juntos.
Todavía me quedan cosas por hacer, obvio. Hoy ceno con mis hermanos por tercera vez en dos semanas -sin contar las comidas que no tenían el título de despedida-. Me tengo que cortar el pelo, sufrir una buena depilación, comprar las últimas pelotudeces de siempre, visitar a saico, jugar con Tony, ordenar el cuarto y cerrar el cierre, el cierre de la valija.

26 de noviembre de 2007

Tipo stiker

Hay veces que vos estás muy bien. Muchas otras, no. Se te nota en la cara y me molesta. Que se te note en la cara que estás mal, me molesta. Esa expresión de recién levantada, con ojeras, pálida, insulsa. Sí, me molesta, ¿y?
Las pocas ocasiones en que te merecés la atención es cuando estás muy bien. Esos ínfimos momentos en los que se te enciende la cara con un rosado peculiar. La mirada cristalina, los ojos bien abiertos. Tu sonrisa se vuelve más blanca y el lunar de tu mejilla cobra vida.
Te sacaría una foto para que después te veas y me creas, para que me digas si tengo razón, para pegártela en la frente y taparte la cara de culo que ponés cuando estás mal.

22 de noviembre de 2007

Seven fucking years by your side

Tenía que recordarla, debía hacerlo, no me pude escapar.
Nuestra relación fue muy extraña. La amistad comenzó de un día para el otro. Ella llegó a mi vida, nos miramos, nos agarramos de las manos y empezamos a girar extasiadas de placer. Éramos chicas, teníamos quince pero, en ese momento, parecíamos de ocho, dos nenas de ocho años jugando en el patio del colegio, girando, dando vueltas sin parar.
Los primeros meses fueron hermosos. Comenzamos a conocernos, a experimentar, a crecer juntas en un mundo que las dos odiábamos con furia. Una dupla enardecida por la presión externa, una pareja reaccionaria a los límites, un par de amigas peleadas con la vida y unidas para llegar a la destrucción.
A mitad del tercer año las cosas cambiaron. Dejamos de ser cómplices, adoptamos roles y la guerra se desató sin mas. Descubrí su maldad, su mentira, sus secretos. Encontré su guarida en mi placard, en mi espejo, en mi baño. Le saqué el disfraz y discutimos por primera vez.
Desde ese momento me convertí en su mascota. Ella me llevaba por la vida atada de manos y pies. El primer golpe fue en casa. Me cacheteó en el baño y quedé llorando sola toda la tarde. Era creativa y las palizas siempre fueron diferentes. Los cortes en los brazos, los mordiscos en las piernas, los arañasos en la cara, los ayunos. Miles de veces me arrastró de los pelos por la habitación, golpeando mi cabeza contra el placard, contra el piso y la puerta.
Hace un año me escapé, me fui, me perdí. Le costó trabajo encontrarme pero llegó a mi escondite. Su vuelta fue amigable aunque a la semana volvió a enagenarse en su mundo violento y me lastimó más que nunca. Quedé internada, con ataques de pánico, con depresión, con ese dolor que sólo el rencor puede dejar en el alma.
Hace poco volví a mi casa. Estoy entera, tengo las marcas, estoy entera, estoy.
Ella sigue desaparecida.

21 de noviembre de 2007

Carta de Julieta a Santiago

Hola. Te escribo porque me voy. Te escribo porque me voy y porque no sé si alguna vez te voy a volver a ver. Seguramente te veré en sueños, en recuerdos, en alguna foto que tengo guardada por ahí. Hoy, por ejemplo, te vi en unas letras rojas escritas en un papel que encontré mientras ordenaba, mientras hacía la limpieza que hace la gente que se va y que no sabe cuando vuelve.
Te decía entonces que te escribo porque no tengo otra manera de comunicarme con vos. Te escribo porque siempre te escribí, porque si alguna vez fuimos algo, fue gracias a las letras, a las palabras y a los párrafos codificados dedicados mutuamente por cualquier medio que acepte la escritura.
Te escribo porque tengo ganas de escribirte una vez más. Te escribo porque quiero que sepas que siempre voy a tener ganas de escribirte y, seguramente, dentro de los próximos diez años, recibas alguna que otra carta mía diciendo las ganas de escribirte que siempre tengo, que siempre voy a tener.
Te escribo, entonces, para que sepas que te quiero, que te quiero, que me voy y que, como te dije una vez, mi consuelo es que siempre te voy a ver en sueños.
Besi
J.

20 de noviembre de 2007

Alguna de las tantas

Eran pocas cosas las que se tenía que llevar. Algunos cds, un par de remeras, un jean viejo, el camisón y la almohada. No tenía nada más en esa casa. Metió todo en una bolsa negra y, con la almohada bajo el brazo, bajó las escalera sin siquiera despedirse en papel.
Él escuchó el ruido de la puerta y se levantó de la cama de un salto. Pensé que todavía estabas buscando tus cosas, le gritó por la ventana. Y yo que estabas durmiendo y no te quise molestar, le contestó ella desde la calle mientras seguía caminando por la vereda de enfrente.
Él se puso un pantalón, las zapatillas y salió a buscarla sin cepillarse los dientes ni lavarse la cara. Para Coni, no te vayas así. ¿Qué querés? Al menos que me saludes con la mano quiero. Bueno, chau, y ella estiró su mano como para estrecharla con un extraño. Él se agarró de esa mano como si se estuviera ahogando en el mar y ella lo estuviera salvando. Con un movimiento brusco juntó sus cuerpos y la besó enamorado.
Odio que me beses con mal aliento Matías, salí.

17 de noviembre de 2007

Tengo mal humor, sabelo.

Basta, ¿ok? Basta de la gente celosa que te arruina las salidas nocturnas. BAS-TA. Me pone de muy mal humor salir y pasarla mal, mal, mal, mal. Basta, por favor lo pido ya. Odio llegar a la mi casa a las tres de la mañana con cara de amargada porque la noche fue una porquería. Yo te cuento cual es el tema. No se trata de estar desesperada por la noche y la fiesta, si me conocés sabés que toda la vida preferí -y prefiero- quedarme en mi casa mirando una peli y comiendo helado -o tomando yogur porque de ser muy seguido me agarra culpa-. El dilema ahora es que quiero tener mi noche del año en que me divierto a lo loco, sin límites, sin vergüenza, sin problemas y salto, salto, salto, salto y llego a mi casa y me tengo que bañar porque doy asco. Eso quiero.
Parece idiota, pero no tengo más problemas, NO TENGO MÁS PROBLEMAS, ¿qué parte no entendés? Hace siete años que no salgo a la vida sin problemas, entonces, dejame divertirme una noche como una persona común y corriente que camina por la vida sin problemas, ¿ok? Gracias, divina, gracias.

15 de noviembre de 2007

Una vida sin viejas complicaciones

Se despertó a mitad de la noche con muchas ganas de hacer pis. Tomó coraje y salió de la comodidad de la cama con sus colchas y frazadas y se metió en el baño sin siquiera prender la luz.
Cuando le tocó volver a dormir, ya no podía conciliar el sueño. Con los ojos cerrados hacía fuerza para entrar en transe una vez más, pero los minutos pasaban, los nervios se acrecentaban y la posibilidad de volver a soñar se alejaba con rapidez.
La cabeza empezó a volar. En el techo dibujó formas sin sentido, inventó palabras nuevas y contorsionó el cuerpo como nunca antes. Se contó los dedos y recordó que de chica conoció a una nena con seis dedos en un pie. Le puso nombre a las constelaciones que descubrió en sus sábanas nuevas y se escondió entre ellas escapando de la lluvia que empezó a golpear la ventana de la habitación.
Al otro día había que levantarse temprano, ese mismo día en realidad, a unas pocas horas de distancia. Unos bichos raros, parientes de las mariposas enamoradas que revolotean en la panza, se apoderaron de su estómago y la contagiaron de ansiedad.
Está a un paso de su vida, está a unos días de la largada, estará lejos de casa, de su cama con sus colchas y frazadas, del baño que conoce en penumbras, de las sábanas con estrellas que la cubren de la lluvia que golpea la ventana de su habitación.

13 de noviembre de 2007

Te la cuento así porque no da de otra manera

Ponele que vos agarrás y esperás que llegue alguien que re querés -pero no amás, obvio- y le tenés que dar una noticia re bajón pero no te importa nada porque ya decidiste todo y primero estás vos en la vida y bla bla bla. Entonces llega y lo vas a buscar y conoce a tus viejos y está re lindo y lo besas y le decís que lo re querés pero que tienen hablar y hablan y le decís que lo vas a dejar porque te querés ir a vivir afuera y que aunque él también viva afuera es obvio que no van a ir al mismo lugar porque no da, porque él nunca planea nada y nunca sabe nada y va a donde lo lleva el viento y vos nada que ver, ni a palos sos así, vos tenés todo siempre re armado con lujo de detalles y él te va a desvirtuar todos los planes, obvio. Que es un manipulador y un celoso excéntrico obvio que no se lo decís, eso te lo guardás, y que le tenés un poco de miedo porque cuando se "pone" se transforma en un violento importante y ni da ser una sumisa de mierda. Entonces, él te responde que te ama que quiere estar con vos y te trata de convencer pero vos seguís con la tuya y no no no no no, no porque no y ya. Hasta ahí todo bien pero resulta que al otro día van a una mega fiesta de enfieste y no hay nada de power mas que speed con vodka que vos no tomás porque no te gusta pero que a todo el grupete que está con vos sí. Todos se ponen re en pedo y él también y se pone recontra pesado y te manda a la mierda cinco veces en la misma noche, pasa del amor al odio cada tres segundos y te pelea por boludeces y vos no aguantás más porque no sos de pelear y te vuelve loca y te enferma la cabeza y encima te estás re cagando de frío en esa fiesta de mierda en donde la estás pasando horriblemente mal y siempre la pasas re bien pero esta vez, por culpa de este chico, tenés que aguantar una noche asquerosa. Encima, después, llega El Gato con power y se comen todos unos cartoncitos y quedan de la cabeza y vos ahí recontra lúcida y de mal humor y cuando empezas a bailar un poco él te agarra porque le atacan los celos y no podés moverte más de un metro, ni hablar de ir al baño sola. Un asco, un asco, un asco. Un asco que como el susodicho venía de cuatro días de viaje, sin dormir y con más de cinco sustancias diferentes en el cuerpo, se sienta mal y vos vos vos vos vos, un piojo de cincueta kilos, tengas que acarrearlo a tu casa a las cuatro de la mañana aguantando la cantidad de pelotudeces que te dice. La cereza de la torta, llega se arma la mochila y dice que se va, que le des tus rayban porque él no puede llegar a su casa con esos ojos y vos le decís que agarre los otros lentes, los que no usas y que no te importan, y él dice que no le gustan esos y ahora se pelean porque vos sos una mierda que lo vas a mandar a su casa a él pobrecito sin lentes rayban de sol. Igual, al otro día, para avisarte que llegó a su país, te llama como si nada y te dice mi amor.
Lo único bueno es que te das cuenta que tomaste la mejor de las decisiones cuando pensaste en vos.

10 de noviembre de 2007

Introspección 20

Odio esa cara.
Odio verle la cara de perrito moribundo a mi mamá cuando le doy noticias que no le gustan.
Odio ver llorar a mi papá cuando le digo cosas que no le gustan.
Odio despertarme a la mañana y que mi mamá me abrace llorando y me diga que no le haga caso.
Odio que mis papás me puedan tanto, odio que tengan tanto poder sobre mi, odio que se me parta el alma cada vez que les digo que me voy y que no sé cuando vuelvo.

8 de noviembre de 2007

Introspección 19

A mi mamá la volví a querer como cuando sos chiquito y tu mamá es todo para vos. A mi mamá la volví a querer como esos momentos en que ya no me acuerdo porque era tan chiquita que no tenía retención de memoria. El punto es que ahora a mi mamá la amo con el alma y para mi es la mejor y la abrazo todo el día y le digo que la quiero cada vez que la veo y ahora parece que también le cuento secretos.
Hoy me desperté y le conté lo que me pasó ayer a la noche cuando los fantasmas del pasado me corrieron por la calle y yo grité re fuerte y me escondí y dije que no, que no, que no, que no quiero que me des ningún beso, NIN-GU-NO, ¿ok? Porque no me importa que no me vayas a ver más, porque ahora que vos querés yo ya no quiero más, porque cuando yo te quería dar besos vos no me dejabas, porque yo ya no soy la segunda de nadie, porque tengo un cuasi novio a quien le soy fiel, porque no quiero, porque no quiero, porque no quiero y ya.
Mamá es la mejor y, aparte de ponerse re re re re re contenta porque le conté infidencias, me dijo cosas re divertidas al respecto -"uy, ¿en serio? Pero ese chico no entiende nada. Decile que se le pasó el tren, que ya está que ya fue. ¿Se dice así? ¿Ya fue?"- y nos re reimos juntas un rato re largo.
Está re bueno querer mucho a tu mamá. Era algo que no sabía, que me había olvidado por culpa de la innombrable que me tuvo presa durante siete años en esa torre oscura y húmeda.

6 de noviembre de 2007

No me creo (...) no exista más. -Parte I, Fragmento A-

Disponerse a pasar por ese grande y largo túnel resultaba un tanto aterrador. Estaba oscuro, muy oscuro. Había olor a humedad y, por momentos, olas de calor intenso salían como estampidas de rinocerontes hambrientos.
De todos modos, no tenía opción. Vivir de ese lado del túnel ya no le correspondía. Debía cruzar. Debía aceptar la pérdida. Debía avanzar. Debía crecer. Debía madurar. Debía juntar fuerzas para llevar acabo todos estos deberes pero tenía tan pocas ganas que se sentó en el piso a esperar. Apoyó la espalda en una piedra llena de moho verde y recostó la cabeza en un tronco que le sirvió de almohada.
Cuando Nicolás era chico, cerca de los ocho años, había soñado que su papá se moría en un accidente de autos. Su Renault Megane se estrellaba contra una de las columnas de la facultad de Derecho de Buenos Aires. Venía a toda velocidad por la avenida cuando veía a su hijo parado en el medio de la calle. Para no pisarlo, volanteaba y perdía el control del auto. Subía la escalinata de la universidad y se estampaba contra la columna del medio de la fachada del edificio.
Desde aquella vez, hacía más de treinta años, jamás había vuelto a pensar en la muerte de su padre. Sabía que era una posibilidad, sabía que llegaría el momento, pero no se había detenido a meditar aquella opción. En cierto punto, Nicolás seguía creyendo que su papá era invencible.
Un viernes a la tarde en la que salía del trabajo –era profesor de ética en la facultad de Derecho- recibió una llamada que le trajo a la cabeza aquel sueño oscuro de la niñez. Esta vez, un ataque al corazón había sido el accidente de autos.

3 de noviembre de 2007

Amor de verano

El viento amenazaba con no dejar empezar la velada. La excusa era un festejo de cumpleaños. El lugar, elegido al azar, a orillas del mar, resguardado de la tenue brisa que refrescaba la noche. Dos heladeras llenas de hielo, vasos de plástico, tres botellas de ron, dos de vodka y otras dos de coca cola. Las esterillas aislaban a los cuerpos de la arena, los mismos que se acurrucaban para mantener el calor.
Suena un tambor mientras una de las voces se alza de manera gradual. La melodía de siempre acepta las variaciones de la noche. El rubio de la homenajeada se pierde entre la oscuridad y la arena mezcla sus parecidos colores.
Mi estómago revolotea. Los cigarros dejan su olor en el aire, el humo se disipa y se lleva a la primera canción. Yo descanso entre mis piernas, me abrazo, siento el aire viciado penetrar en los pulmones. Como nunca antes acepto con gusto aquel grado de contaminación mientras me dejo seducir por la voz principal que comienza a entonar la segunda melodía.
Las palabras resultan casi inentendibles, pero el balbuceo relaja y acrecienta las vibraciones que los integrantes de la ronda despiden por los poros. Es el alcohol el que afecta los ojos, los labios y la coherencia que suele existir en las frases armadas.
Otra ronda de bebidas, otra de tabaco mezclado, una tercera rima inventada se escucha por lo bajo. El repiqueteo del tambor cobra vida y acepta un acompañamiento. Sin palabras de por medio, mis ojos se confunden con el ir y venir de sus manos rebotando en el cuero curado. Subo la vista y veo su mirada clara zambullirse en mi alma. Ahí mismo me ahogo en aquel celeste sincero y, bajo efectos nebulosos, me regalo a sus encantos.
Las nubes aclaran la noche cerrada. Las gotas mojan aisladas las cabezas confundidas y es la lluvia entonces la que obliga a levantarse con rapidez.

1 de noviembre de 2007

Introspección 18

No, no está bueno que en tu última semana de paz y soledad en tu home alone home, la niñera de tu sobrino se "enferme" y tengas que hacerte cargo del niño de un año y medio todos los días.
Todo sea porque amo a mi hermano, porque mi cuñada es la mejor y mi sobri es un santo...

Igual, me sorprendí a mi misma. Nunca me creí capaz de cuidar a un niño pequeño. Siempre dije que no me gustan, que me aburren y que no tengo paciencia. Bueno, esta vez, a la fuerza, di con que puedo hacerle de comer, que coma todo, que se duerma, que juegue y que no llore.
Sí, ni yo me lo creo.
Clap, clap, clap para mi. Gracias.