Ok, ya está. La valija está cerrada. Armada y desarmada cuatro veces en un día, quedó impecable. En cuanto al equipaje, sólo queda pasar tres barreras.
1era: Si el/la divino/a que me atienda en Lufthanza me dice algo de los kilos, lo acogoto. Armo un escándalo y le digo ¿flaco/a qué querés que haga si voy para el invierno y el verano? ¿Qué parte de no-pue-do-ni-quie-ro-sa-car-na-da-más no entendés?
2da: No me importa que tengan un tamaño específico para el equipaje de mano. Mi equipaje de mano va conmigo, mi valijita linda va conmigo, ¿ok? A mi me la vendieron como valija que puedo llevar arriba del avión así que si vos, querida persona de la aerolínea, te ponés molesta con mi equipaje de mano, no me importa, ¿ok? Yo viajo con mi valija de lunares arriba del avión. Punto.
3era: Aduana, aduana de mi vida. Parame por la compu y te pego. Parame por mis remedios y te quemo el rancho. Parame por los alfajores y te acogoto. Sabelo.
Ya está.

