Me despido, mi querida amiga. Te dejo. Te dejo o te obligo a dejarme, no sé realmente cúal es el orden. Te decía entonces que te abandono. Te abandono o te obligo a salir de mi vida. El punto es que ya no serás un hoy, vas a convertirte en un ayer. Te vas a caer por el balcón, te voy a empujar yo.
Durante este tiempo te estuviste extinguiendo. Fue un proceso lento, lo es todavía, pero creo que ahora es cuasi definitivo. Te vas. Te hice las valijas, las maletas, tenés tu suitcase en la puerta de la casa de mis papás. Te vas, linda. Te vas. Te saco yo a patadas, de los pelos, con mucho llanto y alarido, pero te saco igual.
¿Por qué? Porque ya no tengo ganas de escucharte, ni de verte cómo te reís de mi, ni de que me muerdas, tires del pelo, arañes, putees y me obligues a hacer cosas que no quiero hacer más. Te vas, mi querida amiga, te vas.
Ya te venía avisando, hace unos cuantos meses que te dije que no podías vivir más acá. Mi cuerpo no te tolera, está cansado y es chiquito, no entramos las dos en el. Muchas veces te apoderaste de mis huesos y tomaste el control, ahora me toca a mi, osea, te toca a vos dejarme en paz. Te vas, mi amor, te vas.
Te saco con tantas ganas que creo que la sonrisa me va a durar un par de años. No exagero. Varios años de placer, de saber que andás por la vida solita, muerta de frío y, seguro, tratando de cagarle la vida a alguien más. Me da igual, de mi te vas, te dejo, te abandono y sé que no te voy a extrañar ni un poco.
Adios.