30 de septiembre de 2007

Crónica de una noche de reencuentro

Aviso: A los ajenos, sepán disculpar el grado de sentimentalidad pomposo, el elemento cursi no lo pude evitar porque creo que hoy no tengo otra manera de expresar lo que siento.
Once de la noche en un bar vacío de Avenida Maipú. Llego yo, llegan dos, llega la última y empieza el griterío. Gancia batido -obvio, 10 meses sin tomarlo fue un sufrimiento con cada sorbo de Smirnof Ice- los eternos daikiris y un cuba libre, nueva adquisición en la antigua lista de bebidas -seguro producto de una relación con un macho cabrío-. Dos horas de monólogo, no podía ser de otro modo, fue mucho tiempo y había demasiado para contar.
Tres amores de mi pasado que viven en mi presente y colorean mis días con sus caras hermosas -porque una es más linda que la otra, no sabés con cual quedarte-.
Fue tan lindo volver a verlas y no creo que haya otra manera de decirlo. Fue lindo, tan lindo. Me sentí abrazada, bien recibida, escuchada. Recibí toda esa energía positiva que sólo tus amigas de la vida te pueden regalar. Me enteré de las últimas noticias, de las más viejas que para mi eran nuevas y de sus vidas ajetreadas con novios viejos, con otros nuevos y con potenciales todavía por explotar.
Es tan lindo hablar con ellas -sí, continúo con esa palabra porque la imagino llena de mariposas revoloteando, flores de colores pasteles y letras gomosas de espuma de jabón-. Saben mi historia, me acompañaron durante la tormenta, estuvieron del lado del espectador mientras yo trataba de deducir mis días. Y ahora, sin mucha claridad por delante -un viaje no te da todas las soluciones pero sí te amplía las posibles respuestas-, volvieron a ser parte de mi mundo y me dejaron con la espina del tiempo perdido, de las salidas ausentes, de los cuentos silenciosos y de las lágrimas derramadas que no pude secar. No me importa, no me importa nada. Siguen siendo mis amigas del alma y siempre lo serán. Con agua salada en los ojos, creo que no de tristeza sino de emoción, les digo que las amo con toda mi fuerza y eso nunca va a cambiar. Aún cuando me pierda otra vez en la lejanía, cuando los libros no me dejen respirar y el trabajo me ahogue, siempre me quedarán los sueños, lugar en que guardo los recuerdos y esas tres caras hermosas que nunca me voy a cansar de mirar.

29 de septiembre de 2007

Mr. Orange

Tiene que comerse las uñas para no escribirte. Esa acción desagradable que tanto te criticaba ahora la aplica como método de contención. No. Yo le digo que no lo haga, que te respete, que ni siquiera querés verla en sueños. De hecho, ni debés leerla, cuanto menos visitar su lugar.
De noche soñó con vos. Iba de viaje por allá y buscaba la manera más sutil de contactarte. Nunca apareciste, eras un anhelo apasionado, una búsqueda desesperada, una imagen que jamás se borraba de su mente.
Si las cosas fueran diferentes, si los tiempos cambiasen y los lugares mutaran a la merced de su mente… la historia tendría otro final.

28 de septiembre de 2007

Noc, noc.

Me pesa el sentimiento pero me asfixia su presencia. No hay culpas ni reproches, hay simples realidades. La mía parece no estar cuando cruzo esa puerta pesada, me convierto en un fantasma y levito por la casa. Las heridas reaparecen, se descosen y se abren como parches mal pegados. Sangran, sangran, sangran.
Su voz me perfora los tímpanos, sus caricias raspan mi piel y sus besos hielan mi sangre. Un rostro mal formado en mi memoria que se manifiesta aún más monstruoso al pasar el tiempo. Todos esos cuentos enterrados en el jardín, mis manos llenas de tierra, mis uñas sucias y nadie que se anime a alcanzarme una toalla para limpiarme. Yo ya no pido explicaciones sólo un poco de libertad para poder caminar en paz, para no cargar más peso, para desarmar la valija y guardarla en el placard.

27 de septiembre de 2007

Introspección 12

Yyyyyo -como se dice en Olivos, sorry- mirando, porque ni me animo a leer, un blog de una rubia (novia actual de un amigo querible y ex de un amigaso del pasado) la cual se merece millones de adjetivos calificativos irreproducibles en mi vocabulario cordial, exaspero. Sí, redescrubrí mi faceta enfermisa en este mundo absurdo. Sí, puedo ser asquerosamente conflictiva, malévola y elitista. Osea... Sorry, pero ni da, sabelo. Obvvvvio que no me importa tampoco, obvvvvvvio que me da igual porque estoy más allá del bien y del mal. Entonces, actual queja a mi misma por reincidir en la estupidés que rodea a ese mundito idiota de mi ex mundo real en el cual fui una enferma mental que a la madrugada festejaba un link a mi blog despertando a toda mi casa con los gritos. Queja importante y seria a mi misma por volver a ser esa tonta que persigue fantasmas. Otra razón para irme bien a la mierda.

26 de septiembre de 2007

Como alguna vez

De mi locura no descanso. Jamás lo hice, hoy no es una excepción.
Ayer te vi por la ventana caminando por la vereda de enfrente de mi casa. Sabía que no eras vos pero tenía tantas ganas de equivocarme que abrí el vidrio y pegué un grito. Tu nombre resonó en mis oídos y un millón de imágenes recorrieron mi retina.
Te vi durmiendo de madrugada, con las piernas de costado y dobladas, con los brazos extendidos buscándome en la cama. Abrías los ojos somnoliento y me pedías que vuelva a tu lado. Yo te miraba sentada en el marco de la ventana, adormecida, enamorada.
El mar sonaba de fondo y tuve que abrir los postigos para sentir la brisa salada. Te di la espalda durante algunos minutos y me perdí en las olas oscuras que rompían en la costa.
Tu mano en mi espalda me sacó del trance. Tus besos en mi cuello me llevaron de vuelta a la cama. Me hundí en tu pecho, me recosté en tu hombro y no me quedó más que enamorarme de tus ojos otra vez.

25 de septiembre de 2007

La casa

La nebulosa es intensa y cubre los tantos metros cuadrados que tiene la casa.
La nebulosa es oscura y densa. Te sumerge y te ahoga. Cuando entrás por la puerta de madera y empezás a subir las escaleras, el frío comienza a recorrer el cuerpo y es la humedad la que se cuela por entre los huesos.
Al llegar al descanso es ya tarde. Estás inmerso en sus profundidades y formás parte de su mundo gris.
La nebulosa te contagia su depresión. Te marea y quedás abstemio de todo tipo de reacción contraria. Las opciones son pocas. El sillón es la más cercana. La segunda es la cama grande, la tercera el cuarto chico y la cuarta la alfombra verde de la primera habitación. En cualquiera de ellas podés recostarte cómodamente. La idea es relajarse y dejarse consumir por las bacterias que vivieron en la nebulosa desde siempre.

23 de septiembre de 2007

Incontrolable

Yo no veo realidades, sólo las pocas figuras que me muestran mis ojos.
Por la mañana suelen ser luminosas pero vacías. Sin ganas de ser se pasean por mi cuarto alborotadas. Cuando me decido a levantarme y les abro la puerta, escapan entusiasmadas, se pierden en la casa y no vuelvo a saber de ellas hasta el día siguiente.
Las de la tarde tienen caras alargadas, ojerosas y pálidas. No son nada. Me contagian su nostalgia y me llenan de preguntas sin respuestas certeras. Esas sí que no se me despegan. A mi lado quedan hasta el anochecer cuando se consumen en una lágrima salada que moja mi almohada.
Es de noche cuando llegan las mejores. Oscuras y silenciosas me cierran los ojos con suavidad. En tonos agudos tararean canciones de cuna que adormecen mi mente hasta la mañana siguiente cuando todo vuelve a empezar.

22 de septiembre de 2007

El primer día

A las ocho de la mañana arriba. ¿Madrugar? No, jamás, a menos que sea estrictamente necesario. El tema es que tengo el horario cambiado todavía. Allá la una del medio día, acá las ocho, está bien.
Cuando entendí que estaba en mi casa, en mi cama y sólo con mi gato al lado, las lágrimas me lavaron la cara arrasando con las lagañas que dejó el sueño.
Tomé coraje y salté el metro y medio que me separa del piso. Parada en el baño, directo a la cocina. Aprontar el mate –como dice él- y volver a sentir ese gusto intenso, dulce y de temperatura exacta que hace diez meses no probaba. Con los ojos cerrados saboreé con ganas mientras otra lágrima rodaba por mi cara. Cuántas ganas de tenerlo al lado y hacerle probar mi mate, ese del que tanto le hablaba mientras tomaba del suyo. Todavía me acuerdo como, tratando de no poner cara de asco –no quería parecer la asquerosa porteña de Olivos que era al conocerlo-, absorbía esa agua amarga, fuerte y caliente que me quemaba la lengua y ardía en mi estómago. Admito que no me importaría tomarlo ahora mismo si fuera su mano la que me lo alcanza.
Con mi mate, entonces, volví a mi cuarto y me senté mirando la ventana, llorando, para variar, no sé si de tristeza, emocionada por el retorno, por ver a mi familia, a mis amigos o por no verlo a él.
Tuve que salir del trance con la alarma del teléfono que daba las dos menos cuarto, hora en que me tocaba despertarlo a la fuerza para ir a trabajar. Le comía a besos el cuello hasta llegar a sus labios y él, aún dormido, me regalaba un te amo somnoliento. Enternecida lo rodeaba con los brazos y me hundía en su pecho. Cinco minutos más de sueño, por favor.

Back home

Ya de vuelta en Baires, mi jungla de asfalto, mi pradera de canto rodado feliz.
Las emociones se entrecruzan.
Papá y mamá se conservaron a la perfección, mis hermanos más canosos pero igual de insoportables, mi cuñada diosa como siempre y mi sobrino más grande que nunca.
Tony es una morsa peluda pero conservó la dulzura.
A Vitu y a Ani parece que las vi ayer.
Mi cuarto está intacto. Mi cama aún más cómoda. La rana mira expectante mi llegada.
De todos modos, a mi me falta algo.
Mis ojos no hacen más que llenarse de lágrimas que al caer mojan la almohada con ese olor a limpio que siempre hubo en mi casa.
Vení a sentirlo, vení a conocer a mi gato, vení a calmar mi llanto, a acurrucarte en mi cama. Dejame perderme entre tus brazos una vez más.

18 de septiembre de 2007

Teñida

La volvió a conocer de una manera extraña. Bajo otro cielo, entre paredes más blancas y sin espectadores opinólogos alrededor.
La vieja rubia insulsa se reencarnó en una amiga de la nueva novia de su amigo. El bar estaba oscuro pero ellos se reconocieron igual. A él le sorprendió verla, el mundo se volvió pequeño y las coincidencias alarmantes. Ella tenía todo calculado, lo seguía desde hacía rato y encontró la oportunidad justa para acercarse.
Las cervezas fueron y vinieron, los cigarrillos también. La vieja rubia se hubiera ido esa misma noche con él a la cama, la nueva debía mantener la calma. Con una presa tan deseada, cuidar los modales era la primera regla. Y así fue, una semana de mensajes, la siguiente de llamados, un viernes de copas y un sábado de almuerzo casual.
Los besos llegaron, también la intimidad y, cuando quisieron enterarse, fueron los te quieros los entraron por la ventana de la habitación y llenaron la cama de nuevas ilusiones.
Hace dos meses que estamos juntos. ¿En serio? Sí. Bueno, supongo que me alegro. Gracias, yo también. Pero, ¿estás seguro? Sí, no es la rubia de siempre, es otra, ya no lleva los anteojos cuadrados, ahora tiene lentes de contacto.

15 de septiembre de 2007

I can share it with you

Un suspiro alentador y un gusto amargo nuevo que llega a la garganta y te obliga a robar un sorbo de lo que sea de la mano que encuentres más cerca.
No, a mi no me gusta nada. De todos modos quería saber qué sentías vos, qué es eso que tanto te llama, esa voz que te alienta, que te anima, te complace y da placer.
Yo me quedo con el helado. Unas cuantas bochas de crema de avellanas y tarta de queso a temperatura media que se derriten en mi boca.
Puede que las sensaciones sean parecidas. Un escalofrío te sacude de golpe, el paladar se convierte en protagonista mientras los dientes piden a gritos un poco de piedad.
Cambiar un cosa por otra no te vendría nada mal, ¿no?

9 de septiembre de 2007

Introspección 11

Sí, claro, así como ser, soy. Soy un montón de cosas, de diferentes colores, sabores y olores. Ahora el problema llega cuando me vacío del todo y no me queda ni un gramo de azúcar, ni una pisca de sal. Agarrate Catalina, che porque ni yo me aguanto.
Las mañanas me gustan silenciosas. No concibo el sonido del noticiero televisivo, mucho menos el radial. Las preguntas inquisitivas quedan en el olvido y ni hablar de las informativas de tipo general. Mis respuestas pueden ser de lo más absurdas, si es que mi boca tiene la fuerza suficiente como para hablar, sino, un simple gemido invocando al silencio suele callar hasta a mi Señora Mamá enojada. –Por cierto, LLaMaDo a La SoLiDaRiDad: Los hijos somos hijos de la vida, no le pertenecemos a nadie. No tenemos porqué soportar el enojo infantil de una madre ofendida por no seguir las elecciones que ella tenía pensadas para nosotros. Gracias.-
Prosigo con mi filosofía mañanera cuando debo soportar los gritos del vecino de al lado con su primo que le grita desde abajo –entiéndase el inconveniente cuando hay tres pisos de distancia-. En casos tales me concentro en mi té con leche –porque volví a abandonar el café, me altera demasiado- y en su poder mágico que me obliga a descargar sanamente en el baño la ira acumulada de una mañana sonora. Literalmente, me cago en el vecino, en el noticiero y en el chiringuito de la playa que a las diez arranca con música electrónica. Salvedad: Sí, volví a mudarme, mis últimos días en la isla los paso a orillas del mar.

7 de septiembre de 2007

Introspección 10

Hola. Yo digo que basta. Basta de censurarme, ¿ok? BAS-TA. A vos, a vos, a vos y a vos también. BAS-TA. ¿ok? Ahora me toca a mi ser egoísta. Yo voy a ser el centro de mi mundo y no me importa que al espectador le moleste el escenario que elegí para el primer acto. ¿Me explico? Y si no se entiende, mañana les paso el manual. Gracias.
Entonces, decía que odio armar valijas, acomodar toda la ropa, ponerla adentro setencientas veces para que entre todo y después andar caminando con las rueditas por la calle hasta otra escalera que subir para desarmar y volver a armar a la semana. Nunca me gustó hacer la valija. Nunca.
No esperes nada de mi porque soy un frasco vacío y no tengo nada ni quiero dar nada de nada. Sh.

Otra vez

Con el cuerpo vacío me paseo por una habitación desconocida que me absorbe la poca energía que me queda entre los dedos. Las paredes me sostienen hasta que caigo rendida en una cama de sábanas a cuadros.
No tengo nada para darte, no tengo nada para mi.

1 de septiembre de 2007

Introspección 9

Odio sentir que la vida del resto -léase personas especiales- sigue su curso y yo no soy protagonista, menos aún espectadora porque no me cuentan nada. NA-DA.
Odio sentir que no soy ni un recuerdo ameno, que todo les da igual.
Odio darme cuenta que todo lo que siento es verdad y en la vida del resto no soy nada. NA-DA. Puaj, qué asco. Una lástima que sea verdad.
Sí, soy egoísta, ¿y? Yo quiero que todos me quieran, que piensen en mi y que me extrañen todo el día. Aunque a mi todo me da igual. TO-DO. Sabelo.

Introspección 8

Quiero vaciar el frasco. Ya.

Croac

Hace tiempo ya que no veo a las ranas de colores que se cuelan desde los intersitios por entre el marco de la puerta de mi cuarto. Tiene poco que ver con que hace diez meses que no piso mi habitación. Mi teoría dice que el primer mundo me sostiene de los pelos y me condiciona las horas del día limitando mi amistad con los anfibios coloridos.
Hace unos días me pareció ver a la azul saltar desde el balcón. Con alegre curiosidad me asomé y la vi estrellada en el asfalto mientras un nene rubio de ojos celestes le mostraba a su hermanita el cadáver de mi rana preferida.