Situación: Cuatro de la mañana y te suena el móvil –porque estás en España, sino en casa sería celular- y te despierta tu amiga para contarte que se pasó la noche de joda con tus otras dos amigas. SIN VOS.
Me las imagino putaneando como pocas. Siempre al borde, dado que ninguna cruza la línea porque las tres están comprometidas –Ani y La Topa con sus novios, Vitu con su temor al sexo masculino-.
Decía entonces que me las imaginaba sentadas en este nuevo bar en Martínez, tomando cerveza y vino espumante, sacando fotos a las paredes y relatando historias de un pasado remoto. Con suerte, fui nombrada en alguna anécdota alocada, sin suerte, aparecí en alguna de mis tantas cagadas.
Ani con dos cervezas empezó a decir pelotudeces. Vitu, si bien siempre fue la más fuerte, se dejó seducir por las burbujas y La Topa, sin hacer afán de su costumbre alcohólica, se limitó a cuidar a las dos borrachas empedernidas.
Mi leonina preferida se vió obligada a escapar al baño. Se abrazó del inodoro y descargó con ganas los litros de cebada. La única cuerda rescatada le sostenía el pelo y tiraba la cadena para evitar el olor nauseabundo. Como era de esperarse, Victoria continuó la diversión en el salón acompañada de una nueva y fresca botella de vino.
La Topa se cansó de atarle el pelo a Ani y mandó a la otra borracha a relevarla. Cinco minutos después, afrontando el grave error cometido al dejar a dos pelotudas tambaleándose solas en un baño sucio, volvió a su encuentro.
Imagen encantadora. Analía abrazada al señor inodoro, con los pelos vomitados y la ropa mojada. Victoria frente al espejo, viendo a su vómito tapar la pileta y al espejo salpicado de nachos con queso.
-Chicas, les pido por favor que se vayan y me dejen limpiar este desastre.
No me lo creo, no me creo que La Topa no se haya emborrachado como las otras dos animales y complete el trío vomitando el bidet.
Yo sigo durmiendo, frenchus, que mañana trabajo temprano.
Me las imagino putaneando como pocas. Siempre al borde, dado que ninguna cruza la línea porque las tres están comprometidas –Ani y La Topa con sus novios, Vitu con su temor al sexo masculino-.
Decía entonces que me las imaginaba sentadas en este nuevo bar en Martínez, tomando cerveza y vino espumante, sacando fotos a las paredes y relatando historias de un pasado remoto. Con suerte, fui nombrada en alguna anécdota alocada, sin suerte, aparecí en alguna de mis tantas cagadas.
Ani con dos cervezas empezó a decir pelotudeces. Vitu, si bien siempre fue la más fuerte, se dejó seducir por las burbujas y La Topa, sin hacer afán de su costumbre alcohólica, se limitó a cuidar a las dos borrachas empedernidas.
Mi leonina preferida se vió obligada a escapar al baño. Se abrazó del inodoro y descargó con ganas los litros de cebada. La única cuerda rescatada le sostenía el pelo y tiraba la cadena para evitar el olor nauseabundo. Como era de esperarse, Victoria continuó la diversión en el salón acompañada de una nueva y fresca botella de vino.
La Topa se cansó de atarle el pelo a Ani y mandó a la otra borracha a relevarla. Cinco minutos después, afrontando el grave error cometido al dejar a dos pelotudas tambaleándose solas en un baño sucio, volvió a su encuentro.
Imagen encantadora. Analía abrazada al señor inodoro, con los pelos vomitados y la ropa mojada. Victoria frente al espejo, viendo a su vómito tapar la pileta y al espejo salpicado de nachos con queso.
-Chicas, les pido por favor que se vayan y me dejen limpiar este desastre.
No me lo creo, no me creo que La Topa no se haya emborrachado como las otras dos animales y complete el trío vomitando el bidet.
Yo sigo durmiendo, frenchus, que mañana trabajo temprano.
Porque las extraño, las quiero y siempre las recuerdo.

